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TEMA: Una Vendetta

Una Vendetta 1 mes 2 semanas antes #1

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Se trata en este caso exactamente de una navaja francesa conocida popularmente como “vendetta” o “vendetta corsa”, que ya les detallo:
Navaja de una hoja, con cachas de sintético negro de 97 mm de largo cerrada. En la cacha principal lleva grabado el mapa de la isla de Córcega con el símbolo de la isla – una cabeza de moro (que quedó desde la época del dominio de la isla por Pedro III de Aragón, como comentaba hace años en un post el maestro Rodrigo) – inserta al centro y encima la figura de un águila, en la otra cara está estampado el nombre de Porto Vecchio – la tercera ciudad de la isla, situada al sur y que además es centro turístico.
La hoja, de 80 mm de largo es de acero al carbono y lleva grabada al ácido la inscripción “Vendetta Corsa” del lado de la marca de la uña. Del lado opuesto hay una inscripción – también al ácido – que reza: “Che la mia ferita sia mortale”. Cuenta con una ranura de calce – sin llegar a ser bloqueo – que asegura muy firmemente la hoja en posición abierta.
Los bolsters – muy largos – son de cobre o bronce rojizo, pines y pasadores del mismo material, y los separadores de acero al carbono, como también el muelle.
Estimo que debe pertenecer a los años 50/60 del siglo pasado y escucho vuestras opiniones al respecto, y ya les muestro las fotos:












Algunas consideraciones sobre la historia de esta navaja típica de Córcega, según una investigación del maestro Abel Domenech (alias Cnel. Dagger):

La Vendetta Corsa, una navaja que se supone originaria de la isla de Córcega, en realidad tiene su origen en Thiers, Francia, a finales del siglo 19.
Los habitantes de la isla de Córcega, fueron víctimas a comienzos del siglo 19, de una inexplicable legislación aduanera, que liberaba de impuestos a las importaciones y gravaba fuertemente a las exportaciones, un injusto tratamiento que provocó que la isla se inundara de productos fabricados en el exterior – beneficiando principalmente a Francia – mientras la incipiente industria local languidecía frente al aluvión de las mercancías que llegaban del exterior (algo de esto me parece conocido actualmente!!!)
La cuchillería típica de Córcega, siempre fue artesanal y realizada por algunos cuchilleros y herreros diseminados a lo largo y ancho de la isla, que por sus rusticas características no podía competir con la cuchillería altamente tecnificada de la época, proveniente de Thiers.
En el año 1840, la exitosa publicación de la novela “Colomba” de Próspero Merimee, ocasionó que los lectores franceses descubrieran en forma masiva e idealizada la isla de Córcega y el apasionado y sanguíneo carácter de sus habitantes.
La literatura romántica contribuyó a exaltar la figura del bandido fiero e indomable, defensor de su propio honor, del de su tierra y su gente.
La impresión generalizada que dejaba la lectura de esta novela era que las familias corsas se enfrentaban permanentemente y recurrían a las vendettas para conjurar antiguos sentimientos de encono. Lo cierto que el arma más utilizada para llevar a cabo sus venganzas eran las proletarias escopetas de avancarga que proliferaban entonces. Pero la imagen romántica y literaria proponía como herramienta apropiada al arma blanca, y entre éstas una navaja elegante y de proporciones.
La industria cuchillera de Thiers no podía dejar pasar de lado la oportunidad comercial que le brindaba la avidez del turismo que comenzaba a llegar a la isla a principios del siglo 20 y entre los souvenirs favoritos que demandaban en las tiendas para turistas se encontraban las navajas “típicas de la isla” Aquellas que según la imaginación de los comerciantes ávidos de ventas, eran las que se empleaban en las famosas vendettas.
Para satisfacer ese mercado emergente, los cuchilleros de Thiers eligieron un modelo de navaja que habían ideado muchos años antes, para ser vendida en la región mediterránea, bautizadas como “Maltés” o bien “Napolitano”. Esta navaja estaba dotada de una hoja larga, puntiaguda y estilizada, cuyo mango estaba provisto de una larga virola metálica. Las cachas eran de cuerno o hueso, decorados con arabescos y motivos florales realizados con tinta china, decoraciones en las que siempre sobresale la distintiva “cabeza de moro”, símbolo de la isla.





Las hojas muestran siempre una inscripción realizada al ácido, que exterioriza los sentimientos de los habitantes corsos y evidencia el uso inequívoco de esta temible arma blanca: “Vendetta Corsa”, “Morte al Nemico”, etc.
Indudablemente la Vendetta corsa, obtuvo un enorme éxito comercial , que impulsó su fabricación en todos los tamaños imaginables.
Definitivamente impuesta en el imaginario popular como el verdadero cuchillo de Córcega, la Vendetta Corsa permanece como un símbolo de la isla, hasta el día de hoy.



Espero que haya sido de vuestro agrado,
Un saludo
Última Edición: 1 mes 1 semana antes por Facón.
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Una Vendetta 1 mes 1 semana antes #2

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La navaja "típica" y el post, magnífico y esclarecedor, "típico" tuyo.

Muchas gracias por la lección del origen de una tipología de navaja que hasta ahora siempre creí "corsa".

Un fuerte abrazo.
Félix
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Una Vendetta 1 mes 1 semana antes #3

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JEFUERZAXXIX escribió:
La navaja "típica" y el post, magnífico y esclarecedor, "típico" tuyo.

Muchas gracias por la lección del origen de una tipología de navaja que hasta ahora siempre creí "corsa".

Un fuerte abrazo.
Félix

Muchas gracias por tu presencia y comentarios Félix!!! Celebro que te haya gustado y aprovecho para copiarte un cuento de Guy de Maupassant, escrito en 1883, que como la novela de Merimee pinta el carácter de los habitantes de la isla y que tiene precisamente el mismo título que el post.

"Una vendetta"

La viuda de Pablo Saverini habitaba sola con su hijo en una pobre casita de los alrededores de Bonifacio. La población, construida en un saliente de la montaña, suspendida sobre el mar, mira por encima el estrecho erizado de escollos de la costa más baja de la Cerdeña. A sus pies, del otro lado, la rodea casi enteramente una cortadura de la costa que parece un gigantesco corredor, el cual sirve de puerto a las lanchas pescadoras italianas o sardas, y cada quince días al viejo vapor que hace el servicio de Ajaccio.

Sobre la blanca montaña, el montón de casas forma una mancha más blanca aun, como nidos de pájaros salvajes acurrucados sobre su roca, dominando aquel paso terrible en que no se aventuran los barcos grandes.

El viento sin reposo fustiga el mar, que golpea sobre la costa desnuda y se mete por el estrecho, cuyos dos bordes destruye.

La casa de la viuda Saverini, abierta al borde mismo de la costa, abre sus tres ventanas sobre aquel horizonte salvaje y desolado.

Allí vivía sola con su hijo Antonio y su perra “Vivaracha”, una perraza flaca con pelos largos y bastos, de la raza de los perros de ganado, y que servía al joven para cazar.



Una tarde, después de una reyerta, Antonio Saverini fue muerto a traición de una puñalada por Nicolás Rovalati, que aquella misma noche huyó a Cerdeña.

Cuando la anciana madre recibió el cuerpo de su hijo, que dos amigos le llevaron, no lloró, pero se quedó inmóvil mirándolo; después tendió su arrugada mano sobre el cadáver y juró vengarlo.

No quiso que nadie se quedara allí; se quedó sola con el cuerpo y se encerró acompañada de la perra, que aullaba de un modo lastimero y no se separaba del lado de su amo. La madre, inclinándose sobre el cuerpo de su hijo, con la mirada fija, lloraba lágrimas silenciosas contemplándolo.

El joven estaba tendido de espaldas, vestido con su chaqueta de paño grueso, que se veía desgarrada en el pecho: parecía dormir, pero se veía sangre por todas partes: sobre la camisa rota para la primera cura, en el chaleco, en el pantalón, en la cara, en las manos; cuajarones de sangre se le habían quedado entre la barba y los cabellos.

La madre se puso a hablarle; al oír su voz la perra se calló.

-Yo te vengaré, hijo mío; duerme, duerme, descansa, que serás vengado, ¿entiendes? ¡Tu madre te lo promete! Y ya sabes que cumple siempre sus promesas.

Después se inclinó sobre él, poniendo sus labios fríos sobre los labios del muerto. Entonces Vivaracha se puso a dar unos aullidos largos, desgarradores, horribles.

Así siguieron los dos, la mujer y el animal, hasta por la mañana que enterraron a Antonio Saverini, y ya nadie se acordó de aquello en Bonifacio.

*

No había dejado ni hermanos, ni primos, ni ningún pariente que pudiera vengarlo; sólo su madre. Así pensaba la anciana, mirando sin cesar un punto blanco de la costa, que era un pueblecillo sardo, llamado Longosardo, donde se refugiaban los bandidos corsos. Éstos poblaban aquella aldea delante de las costas de su patria, y allí esperaban el momento de volver. En aquella aldea se había refugiado Nicolás Rovalati.

Siempre sola y sentada delante de la ventana, la anciana pensaba en su venganza. ¿Cómo la llevaría a cabo, enferma y casi al pie del sepulcro? Pero lo había prometido, lo había jurado al cadáver; no podía olvidarlo y no podía esperar. ¿Qué haría? No dormía ninguna noche, ni tenía sosiego ni reposo. La perra, echada a sus pies, la miraba, y a veces levantaba la cabeza y ladraba. Desde que su amo no estaba allí, no hacía otra cosa.

Una noche que Vivaracha parecía llamar a su amo, la anciana tuvo una idea salvaje, vengativa, feroz; lo meditó hasta la mañana, y cuando fue de día se fue a la iglesia. Allí, de rodillas, pidió a Dios que la ayudara y sostuviera, dándole fuerzas para vengar a su hijo.

Volvió a su casa y ató a la perra con una cadena; el animal aulló todo el día y toda la noche, y la anciana sólo le dio agua, nada más que agua.

Pasó el día, y la perra, extenuada, dormía; por la mañana tenía los ojos relucientes, el pelo erizado, y tiraba sin cesar de la cadena.

La anciana no le dio de comer, y la perra, furiosa, ladraba sin cesar, y así pasó otro día y otra noche; a la mañana siguiente, la Saverini fue a casa de un vecino a rogar que le dieran un costal de paja. Cogió un traje viejo que había sido de su marido, lo rellenó hasta que pareció ser un cuerpo humano, y luego lo clavó en un palo delante del sitio donde la perra estaba encadenada. Después le puso una cabeza de trapos.

La perra, sorprendida, miraba aquel hombre de paja y callaba, aunque la devoraba el hambre.

Entonces la vieja se fue a buscar en casa del carnicero un gran pedazo de morcilla negra, volvió a su casa y la puso a asar. Vivaracha, enloquecida, estaba echando espuma con los ojos fijos sobre el embutido.

La vieja hizo con el asado una corbata al hombre de paja, y se la ató bien fuerte; después soltó a la perra.

De un salto formidable, el animal alcanzó la garganta del maniquí, y con las patas sobre los hombros se puso a desgarrarlo. Cuando arrancaba un pedazo se bajaba y se lanzaba luego por otro, metiendo su hocico entre las cuerdas y arrancando los pedazos de morcilla.

La vieja, inmóvil, miraba con los ojos brillantes; después volvió a atar a la perra, la hizo ayunar otros dos días y volvió a repetir aquel extraño ejercicio.

Durante tres meses la acostumbró a aquella especie de lucha, a aquella comida conquistada a mordiscos. Ya no la ataba; pero con un gesto la hacía lanzarse sobre el maniquí. Le había enseñado a desgarrarlo, a devorarlo, hasta cuando no tenía la comida en el cuello. Luego le daba como recompensa la morcilla asada.

Desde que veía al maniquí, Vivaracha se estremecía y miraba a su ama, que le decía:

-¡Anda! -con una voz aguda y levantando el dedo.

Cuando lo juzgó oportuno, la Saverini confesó y comulgó un domingo con mucha devoción, y luego se puso un traje de hombre y se embarcó en la barca de un pescador, que la condujo al otro lado de la costa, acompañada de su perra.

Llevaba en un saco un gran pedazo de asado que le hacía oler a la perra, la cual hacía dos días que ayunaba.

Entraron en Longosardo, y acercándose a una panadería, preguntó por la casa de Nicolás Rovalati. Éste, que era de oficio zapatero, trabajaba en un rincón de su tienda.

La vieja empujó la puerta y dijo:

-¡Eh, Nicolás!

Él se volvió, y entonces, soltando la perra, dijo:

-¡Anda! ¡Anda! ¡Come! ¡Come!

El animal, enloquecido, se lanzó y lo mordió en la garganta. El hombre tendió los brazos y rodó por tierra; durante algunos segundos se retorció, golpeando el suelo con los pies; después quedó inmóvil, mientras Vivaracha le apretaba el cuello, que luego arrancaba en pedazos.

Dos vecinos recordaron después haber visto salir de la casa del muerto a un pobre viejo con un perro que comía unos pedazos negros que le daba su amo.

Por la tarde la vieja volvió a su casa, y aquella noche durmió muy bien.

Fin

Espero que te haya gustado,
Un gran abrazo
Última Edición: 1 mes 1 semana antes por Facón.
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Una Vendetta 1 mes 1 semana antes #4

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Cómo siempre,un post documentado,ameno y muy instructivo.
Reconozco que hasta ahora pensaba que las navajas corsas las hacían en la isla.
A VECES ME SIENTO Y PIENSO
A VECES NO MÁS ME SIENTO
Última Edición: 1 mes 1 semana antes por Quirrino.
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Una Vendetta 1 mes 1 semana antes #5

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Quirrino escribió:
Cómo siempre,un post documentado,ameno y muy instructivo.
Reconozco que hasta ahora pensaba que las navajas corsas las hacían en la isla.

Muchas gracias por pasarte y dejar tus comentarios muy estimulantes Mario!! Me alegra que te haya gustado y resultado interesante.

Una Vendetta fabricada a principios del SXX por Veritable Bernard (marca registrada el 6/11/1867 por Bathol Fils, en Thiers).





Una de fabricación actual, también por una antigua firma de Thiers: Fontenille-Pataud



Un gran abrazo!!
Última Edición: 1 mes 1 semana antes por Facón.
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Una Vendetta 1 mes 1 semana antes #6

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Querido amigo:

No sólo me ha gustado el cuento, también la otra contestación dada al compañero Quirrino y además me ha recordado, no un cuento, sino un refrán español:

"Español. ¡Lánzate al combate y lucha! Si mueres. Tu madre te vengará.

Que también da idea de a lo que puede llegar una mujer... ¡Española!

Un fuerte abrazo.
Félix
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Una Vendetta 1 mes 1 semana antes #7

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Bonitas navajas con cuento incluido, muchas gracias Juan.
Un abrazo.
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Una Vendetta 1 mes 1 semana antes #8

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JEFUERZAXXIX escribió:
Querido amigo:

No sólo me ha gustado el cuento, también la otra contestación dada al compañero Quirrino y además me ha recordado, no un cuento, sino un refrán español:

"Español. ¡Lánzate al combate y lucha! Si mueres. Tu madre te vengará.

Que también da idea de a lo que puede llegar una mujer... ¡Española!

Un fuerte abrazo.
Félix

Muchas gracias Amigazo!!! Celebro que te haya gustado!!
Un abrazo interoceánico!!
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Una Vendetta 1 mes 1 semana antes #9

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Carre escribió:
Bonitas navajas con cuento incluido, muchas gracias Juan.
Un abrazo.

Mil gracias por hacerte un tiempo para pasarte y comentar Luis!! Celebro que te haya gustado todo!!
Un gran abrazo!!!
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Una Vendetta 1 mes 1 semana antes #10

  • Gonzalo50
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Celebro que hayas traído al foro la historia de estas bellas navajas dada la confusión que suele haber sobre sus orígenes. Los relatos con que enriqueces tus artículos son siempre bienvenidos. Espero no molestarte si agrego a tu post una curiosidad: Vendetta "moderna" (la virola la delata) con lockback. Fue un regalo de una de mis hijas luego de unas vacaciones en Córcega. Afectuoso abrazo.

Gonzalo

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Una Vendetta 1 mes 1 semana antes #11

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Gonzalo50 escribió:
Celebro que hayas traído al foro la historia de estas bellas navajas dada la confusión que suele haber sobre sus orígenes. Los relatos con que enriqueces tus artículos son siempre bienvenidos. Espero no molestarte si agrego a tu post una curiosidad: Vendetta "moderna" (la virola la delata) con lockback. Fue un regalo de una de mis hijas luego de unas vacaciones en Córcega. Afectuoso abrazo.

Gonzalo


Muchas gracias por pasar y comentar Gonzalo!! Me alegra que te haya gustado y además que hayas enriquecido el post con esa preciosa vendetta!!
Un gran abrazo!!
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Una Vendetta 1 mes 3 días antes #12

  • ulhdez
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Un post muy exhaustivo, si señor. He aprendido bastante de esta tipología. Por otro lado nunca me ha gustado mucho las vendettas, pero para gustos los colores.
Felicidades amigo Juan por el trabajo, ha cundido.
Un abrazo.
...Y al final en la Isla sólo existía tierra enferma llena de podredumbre.
Zu atrapatu arte, madarikatua.
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Una Vendetta 1 mes 3 días antes #13

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ulhdez escribió:
Un post muy exhaustivo, si señor. He aprendido bastante de esta tipología. Por otro lado nunca me ha gustado mucho las vendettas, pero para gustos los colores.
Felicidades amigo Juan por el trabajo, ha cundido.
Un abrazo.

Celebro que te haya gustado el post y además resultado de utilidad para esta tipología!! Agradezco la gentileza de tu presencia y comentarios.
Gracias Alberto, un abrazo!!
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