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TEMA: Cotton Sampler

Cotton Sampler 1 mes 1 semana antes #1

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No siempre son navajas viejas, pero sí viejas tipologías. En este caso es una navaja de fabricación actual por Rough Rider (hecha en China pero con muy buen nivel) de un viejo “pattern” anglosajón denominado “Cotton sampler” o “Muestreador de algodón”, que ya les detallo:


Navaja de una hoja, con cachas de “Ram´s Horn Bone” (Hueso imitando cuerno de carnero), de 105 mm de largo cerrada, con un inserto de alpaca de RR. Hoja en acero inoxidable 440 de 80 mm de largo con la particular forma panzona de la tipología, llevando en el recazo el cuño de la herradura de Rough Rider y con descanso a 90°.
Bolsters de alpaca, liners de bronce/latón, pines de alpaca, muelle de acero inoxidable. Lleva un pasa tientos de bronce insertado en el extremo.
Una ejecución impecable, con un filo que afeita.

Van las fotos:





















Un poco de información sobre esta tipología:

Cotton Sampler es una navaja relacionada con la agricultura, construida sobre una carcaza levemente curva, la navaja de algodón fue utilizada por compradores de algodón yankees para cortar el fardo y sacar una muestra de algodón. La hoja es distintiva, tiene una sección corta cerca de la espiga que no está afilada y una parte delantera hinchada del tamaño de una cucharita.
Alternativamente, algunos cuchillos de algodón tienen una hoja muy ancha y pesada como un cuchillo de cuerda (marinera o rope knife), pero a menudo más ancha en la punta o con una punta ligeramente más aguda, a veces grabada como "Cotton Sampler" o "Cotton Knife".

Imagen del libro de Levine, donde pueden apreciarse las diferencias entre los dos tipos de Cotton Sampler, la de arriba, con la hoja panzona es la mas conocida, mientras que la segunda - mas parecida a una Rope Knife - es mas rara.


No estaba realmente destinada para los trabajadores de campo. Los compradores de algodón en los estados sureños de Usa utilizaban por regla general Cotton Samplers para sacar una muestra. Esa primera pulgada más o menos del perfil de la hoja frente a la espiga se usa para enrollar la fibra con el pulgar y verificar la facilidad de las fibras para hilar.

Almacén de fardos de algodón principios sXX



La forma del resto del perfil estaba destinada a facilitar la excavación en la paca de algodón para obtener la muestra. Los compradores pudieron determinar algo relacionado con la calidad a partir de esta prueba. En la zona algodonera de Missouri aún continúan utilizando esta navaja.

Estados productores de algodón en Usa



Uno de los aspectos más atractivos de los cuchillos tradicionales con juntas deslizantes es la miríada de patrones únicos que se han realizado, y se puede encontrar un gran ejemplo en el Cotton Sampler. El Cotton Sampler es un patrón relativamente poco conocido y escasamente fabricado que tiene, como muchos patrones tradicionales, una historia oscura.
Entonces, ¿cuál es la historia detrás de estos interesantes cuchillos? Bueno, parece que las formas del patrón son probablemente anteriores al nombre Cotton Sampler. El primer estilo descrito anteriormente es solo una ligera variación de un patrón antiguo que se puede encontrar en los primeros libros de patrones de Sheffield (y probablemente mucho antes). Es un patrón agrícola clásico muy adecuado para los cortes de tracción que prevalecen en esos usos. Por otro lado, el segundo estilo es menos típico.
El ejemplo más antiguo con esta forma de hoja inusual se puede encontrar en un catálogo de Schatt & Morgan de 1903, pero no se identifica como un “muestreador de algodón”.
Teniendo en cuenta que un cuchillo de la misma forma en un catálogo de Maher & Grosh de 1938 se identifica como un "cuchillo desollador", es probable que esta versión del patrón Cotton Sampler comenzó como un cuchillo utilitario y luego se reutilizó para uso agrícola.

Campo de algodón a fines del S. XIX



Sobre Rough Rider:

Rough Rider es una marca de cuchillos propiedad y producida por Smoky Mountain Knife Works (SMKW), pero que se vende a través de muchos distribuidores tanto en línea como en tiendas físicas. Recientemente SMKW anunció que cambiarían el nombre de nuevo a cuchillos Rough Ryder. Aparentemente, esta era la marca registrada originalmente, y decidieron volver a esa ortografía inicial. Este año se cumplieron 25 años de su fundación.



Espero que les haya gustado,
Un saludo
Última Edición: 1 mes 1 semana antes por Facón.
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Cotton Sampler 1 mes 1 semana antes #2

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Hermosa navaja, con una hoja muy peculiar.

Desconocía esta tipologia, y me ha resultado muuy interesante la información de tu post !
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Cotton Sampler 1 mes 1 semana antes #3

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Dai-Katana escribió:
Hermosa navaja, con una hoja muy peculiar.

Desconocía esta tipologia, y me ha resultado muuy interesante la información de tu post !

Muchas gracias por pasar y comentar Manuel!! Me alegra que te haya gustado y resultado interesante!!
Esta hoja como comentaba màs arriba, tiene una variada utilidad, especialmente por su forma, como desolladora, o como capadora y una innumerable cantidad de otras aplicaciones donde se necesite un corte fino y preciso.

Una pàgina del catàlogo de Schatt & Morgan de 1903



Un abrazo!!
Última Edición: 1 mes 1 semana antes por Facón.
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Cotton Sampler 1 mes 1 semana antes #4

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Una navaja con unas cachas muy bonitas y un buen acabado como dices. Al igual que Manuel desconocía este tipo de navajas pero me gusta mucho.
Un fuerte abrazo Juan, cuídate.
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Cotton Sampler 1 mes 1 semana antes #5

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Querido amigo Juan:

No paras de sorprender, en este caso con una navaja, bonita, en particular sus cachas y con una tipologia que , como los compañeros, desconocía.

Muchas gracias por mostrarla, por la información y por el post.
Un fuerte abrazo.
Félix
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Cotton Sampler 1 mes 1 semana antes #6

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Carre escribió:
Una navaja con unas cachas muy bonitas y un buen acabado como dices. Al igual que Manuel desconocía este tipo de navajas pero me gusta mucho.
Un fuerte abrazo Juan, cuídate.

Muchas gracias Luis por pasarte y dejar tus amables comentarios!! Me alegra que te haya gustado y servido para conocer esta rara tipología.
Un gran abrazo!!

Un grupo de Cotton Samplers

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Cotton Sampler 1 mes 1 semana antes #7

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JEFUERZAXXIX escribió:
Querido amigo Juan:

No paras de sorprender, en este caso con una navaja, bonita, en particular sus cachas y con una tipologia que , como los compañeros, desconocía.

Muchas gracias por mostrarla, por la información y por el post.
Un fuerte abrazo.
Félix

Amigo Félix, una vez más debo agradecer tu presencia y comentarios en el post!! Es una alegría adicional saber que te ha gustado la pieza y resultado el post de utilidad para conocerla.
Tratándose de una navaja relacionada con el algodón, que es un producto básico para la fabricación de hilados y cordeles, se me ocurrió subir un viejo cuento del escritor francés Guy de Maupassant alrededor de 1880, donde un cordelillo es actor principal. Es un poco largo, por lo que lo voy a hacer en un par de capítulos,
Espero que te guste, Maupassant tiene una manera de relatar que parece que uno está viendo una película.
Un gran abrazo!!

El Cordel

Por todos los caminos en torno a Goderville, los campesinos y sus mujeres venían hacia el pueblo. Era día de Feria.
Los varones iban delante, tranquilo el paso, inclinando el cuerpo a cada movimiento de sus largas piernas torcidas, deformadas por los rudos trabajos, por el esfuerzo sobre el arado, que obliga al mismo tiempo a levantar el hombro izquierdo y desviar la cintura; por la siega con hoces, que hace apartar las rodillas para asegurar el aplomo, por todas las labores lentas y penosas del campo.

Sus blusas azules, almidonadas, brillantes como barnizadas, adornadas en el cuello y los puños por una orla de hilo blanco, infladas en torno del torso robusto, parecían globos listos para volar, de los que salían una cabeza, dos brazos y dos piernas.
Unos iban tirando de una vaca, de un becerro. Y las mujeres, detrás del animal, le fustigaban las ancas con ramas, para apresurarlo. Ellas llevaban al brazo anchos canastos de los que asomaban cabezas de pollos por aquí, cabezas de patos por allá. Caminaban con paso más corto y vivaz que los hombres, con los torsos envueltos en mantoncillos gastados, abrochados sobre el raso pecho con un alfiler, pañuelos blancos a la cabeza y sobre los pañuelos, un bonete.
Luego pasaba una carretela, al trote sacudido de un jamelgo, agitando extrañamente a dos hombres sentados uno al lado de otro, y una mujer al fondo del vehículo, a cuyo borde se agarraba para evitar los bamboleos.
En la plaza de Goderville había una muchedumbre de animales y de seres humanos revueltos.
Los cuernos de los bueyes, los altos sombreros de pelo de los campesinos ricos, surgían por encima de la asamblea.
Y las voces chillonas, bulliciosas, formaban un clamor continuado y salvaje que interrumpía a veces una carcajada lanzada por el pecho robusto de algún labriego contento, o por el largo mugido de una vaca amarrada junto a una casa.

Maese Hauchecorne, de Breauté, acababa de llegar a Goderville y se dirigía a la plaza, cuando vió en el suelo un trocito de cordel. Maese Hauchecorne – económico como buen normando – pensó que aquello podría tener utilidad, y se agachó trabajosamente, pues sufría de reumatismo, cogió el pedazo de cordel y se disponía a enrrollarlo cuidadosamente, cuando vió en el umbral de la puerta a Maese Malandain, el guarnicionero, que le miraba.
Otrora habían tenido discusiones acerca de un ronzal, habían quedado disgustados y ambos eran rencorosos.
Hauchecorne sintió cierta vergüenza de haber sido visto por su enemigo buscando entre la basura un pedazo de cordel. Escondió prontamente su hallazgo en el bolsillo de su pantalón, luego hizo como que aún buscaba algo en el suelo – algo que no encontraba – y después se fue hacia el mercado, baja la cabeza, curvado por sus dolores.

Pronto se perdió entre la muchedumbre gritona y lenta, agitada por los interminables regateos. Los campesinos palpaban las vacas, iban y venían, perplejos siempre miedosos, sin decidirse, espiando de reojo al vendedor, tratando sin término de descubrir la trampa del hombre o el defecto de la bestia.

Las mujeres, habían colocado ante ellas sus grandes canastos, y sacando las aves que yacían en el suelo, amarradas las patas, asustados los ojos, rojas las crestas.
Escuchaban proposiciones, mantenían sus precios, seco el ademán, impasible el rostro, o bien, de súbito, aceptando la rebaja impuesta, le gritaban al cliente que se alejaba despacioso:
- Ya está, Maese Anthime, se lo dejo.
Luego, poco a poco, la plaza se despobló, y habiendo sonado el Angelus de mediodía, los que vivían lejos se diseminaron hacia las posadas.
En casa de Jourdain, la sala grande estaba repleta de comensales, tanto como el ancho patio de vehículos de toda clase: carretas, carretelas, tartanas, cabriolés, tilburys, alzando al cielo como dos brazos, sus varales.
Junto a los campesinos, sentados a las mesas, la inmensa chimenea, llena de un fuego claro, arrojaba un vivo calor en las espaldas de los que estaban al lado derecho.
Tres asadores daban vueltas, cargados de pollos, palomas y piernas de carnero, y un grato olor a carne asada de chorreante jugo, saliendo del hogar, iluminaba la alegría y humedecía las bocas.
Toda la “aristocracia del arado” comía allí, en casa de Maese Jourdadin, posadero y chalán, un pillastre que había hecho dinero.
Los platos pasaban y quedaban vacíos, como los jarros de sidra amarilla. Cada cual contaba de sus negocios, de sus compras y de sus ventas. Se daban noticias de las cosechas. El tiempo era bueno para las hortalizas, pero un poco pesado para el trigo.

De pronto, redobló el tambor en el patio ante la casa. Todo el mundo se puso de pié, salvo algunos indiferentes, y corrió hacia la puerta y las ventanas, con la boca llena y la servilleta en la mano.
Cuando hubo terminado su redoble, el pregonero gritó con voz entrecortada:
- “Hago saber a los habitantes de Goderville, y en general a todas las personas presentes en la feria, que se ha perdido esta mañana, en el camino de Beuzeville, entre las nueve y las diez, una cartera de cuero negro que contiene quinientos francos y papeles de negocios. Se ruega la lleven a la alcaldía inmediatamente, o la casa de Maese Fortuné Houlbreque, de Manneville, y se le darán veinte francos de recompensa”

Y luego se fue, una vez más se oyó a lo lejos el redoble sordo del tambor y la voz debilitada del pregonero.
Entonces se empezó a hablar de este suceso, enumerando las posibilidades que tenía Maese Houlbreque de encontrar o no su cartera.
La comida terminó.
Se acababa de tomar el café, cuando el brigadier de la gendarmería apareció en la puerta, y preguntó:
- Maese Hauchecorne, de Breauté, está aquí?
Maese Hauchecorne, sentado en la otra punta de la mesa, respondió:
- Aquí estoy.
Y el brigadier:
- Maese Hauchecorne, tenga la bondad de acompañarme a la alcaldía. El señor alcalde quiere hablar con usted.
El campesino, sorprendido, inquieto, se tomó de un trago su taza, se levantó más curvado aún que por la mañana y se puso en camino, repitiendo:
- Aquí estoy, aquí estoy.
Y siguió al brigadier.
El alcalde lo esperaba sentado en un sillón. Era el notario del lugar, hombre gordo, grave, de frases pomposas.
- Maese Hauchecorne – dijo el alcalde – Esta mañana, le vieron a usted cuando recogía del suelo, en el camino de Beuzeville, la cartera perdida por Maese Houlbreque, de Manneville.
El labriego, desconcertado, miró al alcalde; ya se asustaba de aquella sospecha que caía sobre él, sin que supiera por qué.
- Yo?, que yo he cogido del suelo esa cartera?.
- Sí, usted mismo.
- Palabra de honor que no sabía nada de eso!!
- Le han visto a usted.
- Que me han visto?, Quién me ha visto?
- El señor Malandain, el guarnicionero.
Entonces el viejo recordó, comprendió y enrojeciendo de cólera, dijo:
- Ah, conque me ha visto ese granuja?. Lo que me ha visto recoger es este cordel, señor alcalde. Y buscando en el fondo de su bolsillo, sacó el pedazo de cordel.
Pero el alcalde, incrédulo, movía la cabeza.
- No me va a hacer creer usted, que el señor Malandain, que es un hombre digno de fé, toma esa cuerda por una cartera!!
El campesino, furioso, alzó la mano, escupió a un costado para atestiguar su honor y repitió:
- Sin embargo, esta es la verdad del buen Dios, la santa verdad, señor alcalde. Por la salvación de mi alma, se lo repito!!
El alcalde continuó:
- Después de haber recogido el objeto, usted estuvo rebuscando por un rato en el suelo, por si se le había escapado alguna moneda.
El buen hombre se ahogaba de indignación y de angustia.
- Que se puedan decir mentiras como ésa para calumniar a un hombre decente!!
Fue inútil que protestara, no le creían.
Lo carearon con Malandain, que repitió y mantuvo su afirmación. Se injuriaron durante una hora. Registraron a pedido propio a Maese Hauchecorne, no encontrando nada sobre él.
Por fin, el alcalde, perplejo, le dejó ir, previniéndole que iba a avisar a la policía y pedir órdenes.
La noticia se extendió. A su salida de la alcaldía, el viejo fue rodeado, interrogado con una curiosidad ya seria, ya burlona, pero en la que no entraba la menor indignación.
Y se puso a contar la historia del cordelillo, y nadie le creyó. Reían.
Allá iba el hombre detenido por uno y otro, reiniciando el relato de sus protestas de inocencia, mostrando sus bolsillos vueltos para probar que no tenía nada.
Le decían:
- Anda, anda viejo ladino!!
El se enojaba, se exasperaba, enardecido, desolado de que no le creyeran, no sabiendo que hacer y contando todo el tiempo su historia.
Llegó la noche, era preciso partir. Se puso en camino con tres vecinos, a los que mostró el sitio donde había encontrado el cordel y por todo el camino habló de su aventura.
Dio una vuelta por la aldea de Breauté, para contárselo a todo el mundo. No encontró sino incrédulos.
Y pasó enfermo toda la noche.
Al día siguiente, a eso de la una, Marius Paumelle, mozo de labranza de Maese Breton, cultivador de Ymauville, devolvía la cartera y su contenido a Maese Houlbreque, en Manneville.
Este hombre decía haber encontrado la cartera en el camino, pero no sabiendo leer, la había llevado a casa y se la había entregado a su patrón.
Corrió la noticia por los alrededores y le fue comunicada a Maese Hauchecorne, quien se puso inmediatamente a circular y narrar su historia, completada por el desenlace. Triunfaba.

Continuará...

La plaza del mercado de Goderville a fines del SXIX/ principios del SXX.

Última Edición: 1 mes 1 semana antes por Facón.
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Cotton Sampler 1 mes 1 semana antes #8

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Continúo para finalizar el cuento de Maupassant:

- Lo que más me dolía – decía – no era tanto la cosa, comprendan ustedes, era la mentira. No hay nada que moleste más que ser mal mirado a causa de una mentira.
Todo el día hablaba del asunto, lo contaba por los caminos a la gente que pasaba, en el cafetín a los que bebían, a la salida de la iglesia el domingo siguiente.
Paraba a los desconocidos para decírselo. Ahora estaba tranquilo, y sin embargo algo le molestaba, sin que él supiera justamente lo que era. Parecía que se burlaban al oírle.
No se convencían por lo visto, se le antojaba sentir comentarios a sus espaldas.
El martes de la semana siguiente, se fue a Goderville, movido solamente por la necesidad de contar su caso.
Malandain, de pié en su puerta, se echó a reir al verle pasar. Por qué?
Se acercó a un granjero de Criquetot, que no le dejó terminar, y dándole un golpecito en el vientre le dijo: - Anda viejo pillastre!! Y se alejó.
Maese Hauchecorne se quedó desconcertado y más y más inquieto: Por qué le habrían dicho “viejo pillastre”?
Cuando se sentó a comer en la posada de Jourdain, se puso a explicar el asunto.
Un chalán de Montvilliers le gritó:
- Vamos, vamos viejo sabihondo, que yo conozco muy bien la historia de tu cordelito!!.
Hauchecorne balbuceó:
- Y que más quieres saber tú?, No fue encontrada la cartera?
Pero el otro respondió:
- Calla, calla, abuelete. Hay uno que encuentra y otro que devuelve. Ni visto ni sabido, dejémonos de cuentos.
El campesino se sofocaba. Por fin comprendía, le acusaban de haber devuelto la cartera por medio de un cómplice, de un compinche.
Quería protestar, todos los comensales se echaron a reír.
No pudo concluír su comida y se fue, rodeado de burlas.
Volvió a su casa, avergonzado e indignado, ahogado por la cólera y la confusión, tanto más aterradora cuanto era capaz – con su pillería normanda – de hacer lo que le atribuían y de vanagloriarse de ello como una buena jugada.
Su inocencia se le aparecía como imposible de probar, siendo conocida su malicia. Se sentía herido en el corazón por la injusticia de la sospecha.
Y comenzó a contar de nuevo su aventura, alargando el relato cada día más, añadiendo ada vez nuevas razones, protestas más enérgicas, juramentos más solemnes, que preparaba e imaginaba en horas de soledad, con el espíritu ocupado solamente en la historia del cordel.
Y le creían tanto menos cuanto más complicada y sutil era su argumentación.
- Esas son razones de mentiroso – decían a sus espaldas.
El lo oía y esto le quemaba la sangre, y se agotaba en esfuerzos inútiles. Adelgazaba a ojos vistas.
Los bromistas le hacían contar, ahora el “cuento del cordel” para divertirse, como se hace contar la batalla a un soldado que ha estado en la guerra. Su espíritu, tocado en lo más hondo, se debilitaba.
Hacia fines de diciembre, cayó en cama.
Murió en los primeros días de enero, y en el delirio de la agonía, protestaba aún su inocencia, repitiendo:
- Un cordelillo….un cordelillo… ahí lo ve usted señor alcalde.
Fin


Espero que les haya gustado.
Saludos

PD: Una demostración gráfica de como los compradores de algodón envolvían la muestra de fibras extraídas en el sector liso del recazo de la navaja, lo que les daba idea de la longitud de fibra y la facilidad de hilar.

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Cotton Sampler 1 mes 1 semana antes #9

  • Quirrino
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Otro espléndido post y otro tipo de navaja que no conocería de no habernosla mostrado.
A VECES ME SIENTO Y PIENSO
A VECES NO MÁS ME SIENTO
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Cotton Sampler 1 mes 1 semana antes #10

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Quirrino escribió:
Otro espléndido post y otro tipo de navaja que no conocería de no habernosla mostrado.

Muchísimas gracias Mario por pasar y comentar!!! Me alegra que te haya gustado y sido de utilidad el post. Siempre resulta interesante conocer como en esta afición nuestra encontramos que los fabricantes están atentos a las necesidades de los clientes en sus tareas, ya sean agrícolas como otras varias.

Aquí la Cotton Sampler acompañada de una serie de navajas para tareas específicas.




Un gran abrazo!!
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